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Es uno de los platos mas humildes y sencillos nacidos
hace varios cientos de años por necesidad y por el hambre que se han
convertido en un manjar exquisito y demandado por todos.
Cocer las patatas peladas con el casco de cebolla y el laurel. En una sartén
sin nada de aceite, freír el tocino ,os daréis cuenta del aceite que queda
después. El tocino tiene que estar en taquitos. Reservar esto y en el mismo
aceite dorar los ajos y luego con el aceite templado, añadir el pimentón.
Retirar los ajos y añadir este aceite a la cazuela de las patatas controlar
el agua que queda después de la cocción es mejor añadir luego, (que no que
nos queden las patatas aguadas) y empezar a menear hasta lograr una
consistencia pero sin llegar a la del puré añadir los cominos machados,
remover y a comer. Venir a esta zona y no comer las patatas meneás sería
como ir a la playa y no mojarse los pies en el agua.
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