El Maillo

"Álbum de fotos"

La Siega 

 

Era la siega una e las más duras tareas agrícolas debido a las condiciones en las que se realizaba. Fuertes calores por la época de la recolección en los campos de castilla, donde, no sin razón dice el refrán, hay nueves meses de invierno y tres de infierno; y la necesidad imperiosa de concluir cuanto antes, para que la posibilidad de un nublado no desbarate la cosecha del año, o forzados por la granazón y secado anticipado de las mieses que exigen adelantar el inicio de la siega o aplicar distita técnica de corte para que no se desperdicie ni un solo grano.

Y es que, cuando se retrasa el corte de la cosecha, cuando la siembra se pasa, la mies se escabeza y cae la espiga al suelo al ejecutar el tajo. Por ello debe ser segada aprovechando los momentos adecuados: cuando se reviene o blandea, lo que ocurre a primeras horas de la mañana, y al atardecer cuando el relente nocturno y la puerta de sol suavizan la mies.

Por los meses de Junio y Julio es cuando se llevaba a cabo la tarea de la siega, con las espigas bien granadas y doradas, dispuestas para la recolección, y un poco antes, si el estado de maduración y secado de las mieses aconsejan su corte.

Los propietarios de grandes haciendas ajustaban cuadrillas de segadores que se iban desplazando de un lugar a otro , acabando el ajuste. Familiares con terrenos para siega cogían sus vacaciones par ayudar en la cosecha.

Andando, con alforjas al hombro, o en caballerías los que disponían de ellas, acudían a los campos de cereal. 

Hacia las cinco ó las seis de la mañana comenzaba la faena, descansando alrededor de una hora para almorzar. Posterior se paraba para comer: sopas de ajo o patatas meneas y algún torrezno o trozo de chorizo o tocino.

Y de esta forma como aparece en las fotos, los segadores, encorvados, cortaban rítmicamente las espigas ritmo que era preciso percibir y mantener.

El segador coge la mies con una mano, protegida por la zoqueta y la corta con la contraria, que empuña la hoz. Cada uno de estos cortes y la mies recogida en él es un golpe. Sólo cuando lleva en su mano varios golpes deposita la mies en el suelo para formar las gavillas que, posteriormente serán atadas por el ataor.

Atao que precisa de cierta técnica, de manera que la mies quede bien sujeta y pueda soltarse con facilidad o desatarse a la hora de extender la mies en la parva tirano de uno de los extremos.

Las gavillas eran brazadas del cereal segado. Con tres gavillas se hacia un haz, y se ataba éste con un atadero y así se preparaban para el acarreo por carros y galeras a la era para su posterior trillado.

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